domingo, 22 de febrero de 2015

Descripción realista: Paseo del Faro

Descripción del Paseo del Faro

Se respira el mar en el aire, miras atrás y ves el camino que has recorrido, única ruta para llegar al faro, lugar donde estás situado. Probablemente hayas aparcado el coche,  y si no lo has hecho deberías, ya que solo andando podrás completar este trayecto.

Desde al fondo del camino se veía el faro, de treinta metros de alto, pero ahora que estás cerca lo ves mucho mejor.  Aún así, no sabes si es el olor del mar o el ruido de las olas, pero algo te impulsa a asomarte a aquella verja de metal que se encuentra al borde del acantilado. Cuando te asomas, a tu derecha puedes ver la preciosa costa Santander pero realmente lo que llama tu atención es un monumento que se encuentra a la izquierda de esta valla. Te acercas y ves la representación de un hombre al que han tirado por el acantilado. Se llama “Monumento a los Caídos” y representa las víctimas de la guerra civil española a las que arrojaron por ahí. Te asomas un poco y solo con mirar hacia abajo y ver tan abajo todas aquellas rocas punzantes y las olas rompiendo sobre ellas te da miedo volver a asomarte.

No parece que haya nada más que ver, así que vas al aparcamiento a coger tu coche cuando ves a alguien que camina a través del campo. Parece que quiere ir a los acantilados y aunque no haya un camino descrito algo te impulsa a seguir a la persona.
Cuando empiezas a adentrarte en las hierbas altas piensas que ha sido una mala idea ir allí, pero mientras sigues pensando en cómo estarán tus zapatos te topas con un precioso acantilado. Te asomas y ves las olas rompiendo con fuerza, el viento te da en la cara… Aunque no haya ni un alma, te das cuenta de que ha merecido la pena ir ahí. Y para tu sorpresa, puedes ver que hay un camino repleto de sitios como en el que estás.
Sigues caminando y cada vez te sorprende más la poca gente que hay. Ni un triste árbol, las hierbas altas han pasado a ser hierbas cortas y casi inexistentes… un ambiente de melancolía despierta en ti. Comienzas a estar cansado, porque estás subiendo cuesta arriba y llevas un buen rato caminando. Cuando ya estás a punto de dar la vuelta, empiezas a ver señales de “No pasar” y te empieza a picar la curiosidad, así que sigues un poco y ves El Puente del Diablo.

Seguro que cuando lo miras no te parece para nada un puente, pero enseguida ves que hay rocas debajo de ese abismo y te das cuenta de que se ha caído, lo que antes fue un puente ahora solo son rocas. Si crees que corres peligro de derrumbamientos cercanos a ti, te equivocas. El puente se cayó en un temporal y a no ser que haya uno en el momento en que lo estás viendo (no hagas esta ruta cuando haya temporal, podría ser peligroso ir por los acantilados) no corres ningún peligro.

El paseo se ha acabado. Miras al mar y ves las olas rompiendo con fuerza. Te acuerdas del Monumento de los Caídos, del Puente del Diablo y de dos tumbas que probablemente hayas visto en tu trayecto. Y de la soledad de aquel camino, algo te ha hecho sentirte triste, pero a la vez sabes que ha sido precioso.


Después del camino de vuelta, en el que has estado reflexionando, llegas al faro. Te das la vuelta, admiras todos aquellos acantilados que has dejado atrás y ves que está atardeciendo, el mar se traga al sol y el cielo se tiñe de rojo.
Paula Desiré, 4ºB