jueves, 12 de noviembre de 2015

Comentario de texto literario

Comentario de texto literario
Hecho por Paula Desiré, 1ºBachillerato D

A/mi/gos/ y /va/sa/llos / de/ Dios/ om/ni/po/ten/te14(7+7) A
si es/cu/char/me /qui/sie/rais /de/ gra/do a/ten/ta/men/te 14 (7+7) A
yo os/ que/rrí/a /con/tar/ un/ su/ce/so ex/ce/len/te: 14 (6+1 y 7) A
al /ca/bo/ lo/ ve/ré/is /tal, /ver/da/de/ra/men/te14 (7+7) A

Yo,/ el /ma(se junta para hacer 14 SIL.)es/tro/ Gon/za/lo/ de/ Ber/ce/o /lla/ma/do
14 (7+7) B
yen/do/ en/ ro/me/rí/a/ ( se rompe por CESURA) a/ca/e/cí en /un/ pra/do 14 (7+7) B

ver/de,/ y /bien/ sen/ci/do,/ de/ flo/res/ bien/ po/bla/do14 (7+7) B
lu/gar /a/pe/te/ci/ble/ pa/ra el/ hom/bre/ can/sa/do14(7+7) B

Da/ban/ co/lor/ so/ber/bio /las/ flo/res /bien /o/lien/tes
14 (7+7) C

re/fres/ca/ban /al/ par/ las/ ca/ras/ y/ las/ men/tes14 (6+1 y 7) C
ma/na/ban/ ca/da/ can/to/ fuen/tes /cla/ras/ co/rrien/tes14 (7+7) C
en/ ve/ra/no/ bien/ frí/as, /en/ in/vier/no/ ca/lien/tes 14 (7+7) C

Este fragmento que nos disponemos a analizar es una obra de Gonzalo de Berceo.  Como sería  absurdo realizar un resumen (ya que solo son tres párrafos y no tiene un argumento definido), empezaremos por la contextualización.
Gonzalo de Berceo es el primer autor que firmó una obra escrita en castellano (es decir, el primer escritor castellano con conciencia de autoría) y lo hizo en el siglo XIII. Este siglo corresponde a la Alta Edad Media, caracterizada por un fuerte teocentrismo que vemos presente en el texto (simplemente en el primer verso ya menciona a Dios, además hay unas claras metáforas de la Virgen de las que hablaremos más adelante)
Esta obra pertenece a la escuela del mester de clerecía. Esta, estaba compuesta por escritores cultos (clérigos, los dueños del conocimiento en la época) como es el caso de Gonzalo de Berceo. De hecho, hay quien piensa que Gonzalo de Berceo era un mero traductor de escritos en latín, lo que nos indica que tenía un nivel culto para una época donde la mayoría de la población era analfabeta. Esto, nos lleva a pensar en el mester de juglaría (donde no ocurría esto), ahí, era el propio pueblo llano el que escribía los escritos. Sin embargo, ambos “mesteres” estaban hechos para la gente del pueblo llano (mayormente analfabeta) es por eso que ambas tienen recursos de oralidad que veremos más adelante.
Mirando la estructura externa de este texto compuesto en verso nos podemos encontrar con una estrofa típica del mester de clerecía, la cuaderna vía. Esta se compone de cuatro versos alejandrinos (de catorce sílabas con una cesura en la mitad, así que de arte mayor) con rima consonante, como son los que aparecen en este fragmento. En épocas posteriores, el mester de clerecía no será tan exigente en cuanto a esta estrofa, como es en el caso del Libro del Buen Amor.
El tema de este fragmento es la Virgen María, porque todo el texto es una metáfora hacia su pureza (se explica en el siguiente párrafo). Yo diría que esto es solo un fragmento de una obra, ya que es una introducción alegórica (comúnmente utilizada por Berceo al introducir la composición) pero no llega a tener ningún nudo ni desenlace. Probablemente pertenezca a la serie de “obras marianas”, que son las que compuso Berceo en las que se habla de la Virgen María.
Berceo utiliza muchos recursos literarios en este poema. El primero que cabe de destacar es el llamado Locus Amoenus (representación de un lugar idílico con una naturaleza idílica) que será el presente en la introducción alegórica (lo vemos en versos como “prado verde, y bien sencido, de flores bien poblado, lugar apetecible para el hombre cansado). Esta introducción, a su vez, es una metáfora de la Virgen María y su pureza, lo vemos en que en versos como en “claras corrientes, en verano bien frías, en invierno calientes” donde se narran sucesos imposibles, milagros hechos por la Virgen. Esto nos da una idea del teocentrismo de la época. Otra característica son los recursos de oralidad, como los utilizados en el primer verso: “Amigos y vasallos (…) si escucharme quisierais” donde se está dirigiendo a un público. Y es que, estas obras estaban concebidas para ser leídas a un público de pueblo llano. Por eso, también se emplean términos familiares (como la palabra Amigos) que hacen el texto más ameno.
El lenguaje es más complejo que el utilizado en el mester de juglaría (yendo en romería acaecí en un prado) teniendo estructuras sintácticas más complejas que un presente de indicativo. El último recurso utilizado por Berceo que mencionaremos será su propia mención. Este hecho nos demuestra la conciencia de autoría que tenía y además crea de esta manera una cierta función propagandística sobre él mismo.
En resumen, este fragmento de obra escrito por Gonzalo de Berceo es una metáfora de la Virgen y de su pureza (didactismo teológico) que pertenece al género del mester de clerecía.


Hecho por Paula Desiré

sábado, 30 de mayo de 2015

Composición escrita. Angustia existencial: El tiempo

EL TIEMPO

Hay algo que nos hace a todos iguales. Da igual de donde seamos o lo que nos guste, la edad que tengamos o nuestro sexo. Mientras nosotros crecemos, trabajamos y vivimos en un mundo ficticio creado por nosotros mismos, hay alguien que se está riendo de nosotros. Ese alguien se llama tiempo.

Puedes estar toda tu vida trabajando duramente para tener dinero, fama o poder. Puedes ganar a otros, pero, por mucho que lo intentes, el tiempo siempre va a ir delante de ti, escondido entre las sombras, dando pequeños golpes cada día que te acabarán derrumbando. Y lo triste es que no puedes hacer nada para evitarlo.

Podemos pensar que somos los más inteligentes en la Tierra, engañarnos a nosotros mismos y creer que tenemos el poder sobre todo. Hemos creado un mundo propio, una sociedad… Pero por mucho que nos esforcemos en no querer verlo, el tiempo sigue ahí. Está en todos los sitios.

Descubriremos medicamentos que nos curen temporalmente de esas heridas que nos va haciendo el tiempo y alargaremos nuestro camino, aunque siempre seremos conscientes de que terminará. Algún día dejaremos de querer, de amar, de sentir, de ser queridos. Y lloraremos porque no lo entenderemos… Nunca lo vamos a entender porque en eso consiste estar vivo, en avanzar por un camino con los ojos vendados donde el tiempo nos acabará quitando la venda. El único que sabe qué va a pasar cuando abramos los ojos es el tiempo. Si nosotros lo supiéramos, entonces no estaríamos vivos.

La vida es nuestra estancia por el tiempo, nuestra estancia por ese enemigo infinito que nos acompaña y nos destruye y del que todos formamos parte. Por eso, el tiempo sin la vida no tendría sentido. Si no tuviera almas a las que seguir, a las que guiar, desaparecería.  Podemos pensar que todos somos esclavos del tiempo, pero también podemos pensar que todos nosotros somos el tiempo. ¿Es la vida nuestro tiempo o es el tiempo nuestras vidas?

El tiempo, al igual que la vida, es inexplicable.  Por eso solo nos queda aprovecharlo siendo todo lo felices que podamos ser, porque, una vez que termine nuestra vida, y con ella nuestro tiempo, nadie sabe con certeza qué será de nosotros. Nadie ha venido a contárnoslo.

Hecho por Paula Desiré, 4ºB

domingo, 22 de febrero de 2015

Descripción realista: Paseo del Faro

Descripción del Paseo del Faro

Se respira el mar en el aire, miras atrás y ves el camino que has recorrido, única ruta para llegar al faro, lugar donde estás situado. Probablemente hayas aparcado el coche,  y si no lo has hecho deberías, ya que solo andando podrás completar este trayecto.

Desde al fondo del camino se veía el faro, de treinta metros de alto, pero ahora que estás cerca lo ves mucho mejor.  Aún así, no sabes si es el olor del mar o el ruido de las olas, pero algo te impulsa a asomarte a aquella verja de metal que se encuentra al borde del acantilado. Cuando te asomas, a tu derecha puedes ver la preciosa costa Santander pero realmente lo que llama tu atención es un monumento que se encuentra a la izquierda de esta valla. Te acercas y ves la representación de un hombre al que han tirado por el acantilado. Se llama “Monumento a los Caídos” y representa las víctimas de la guerra civil española a las que arrojaron por ahí. Te asomas un poco y solo con mirar hacia abajo y ver tan abajo todas aquellas rocas punzantes y las olas rompiendo sobre ellas te da miedo volver a asomarte.

No parece que haya nada más que ver, así que vas al aparcamiento a coger tu coche cuando ves a alguien que camina a través del campo. Parece que quiere ir a los acantilados y aunque no haya un camino descrito algo te impulsa a seguir a la persona.
Cuando empiezas a adentrarte en las hierbas altas piensas que ha sido una mala idea ir allí, pero mientras sigues pensando en cómo estarán tus zapatos te topas con un precioso acantilado. Te asomas y ves las olas rompiendo con fuerza, el viento te da en la cara… Aunque no haya ni un alma, te das cuenta de que ha merecido la pena ir ahí. Y para tu sorpresa, puedes ver que hay un camino repleto de sitios como en el que estás.
Sigues caminando y cada vez te sorprende más la poca gente que hay. Ni un triste árbol, las hierbas altas han pasado a ser hierbas cortas y casi inexistentes… un ambiente de melancolía despierta en ti. Comienzas a estar cansado, porque estás subiendo cuesta arriba y llevas un buen rato caminando. Cuando ya estás a punto de dar la vuelta, empiezas a ver señales de “No pasar” y te empieza a picar la curiosidad, así que sigues un poco y ves El Puente del Diablo.

Seguro que cuando lo miras no te parece para nada un puente, pero enseguida ves que hay rocas debajo de ese abismo y te das cuenta de que se ha caído, lo que antes fue un puente ahora solo son rocas. Si crees que corres peligro de derrumbamientos cercanos a ti, te equivocas. El puente se cayó en un temporal y a no ser que haya uno en el momento en que lo estás viendo (no hagas esta ruta cuando haya temporal, podría ser peligroso ir por los acantilados) no corres ningún peligro.

El paseo se ha acabado. Miras al mar y ves las olas rompiendo con fuerza. Te acuerdas del Monumento de los Caídos, del Puente del Diablo y de dos tumbas que probablemente hayas visto en tu trayecto. Y de la soledad de aquel camino, algo te ha hecho sentirte triste, pero a la vez sabes que ha sido precioso.


Después del camino de vuelta, en el que has estado reflexionando, llegas al faro. Te das la vuelta, admiras todos aquellos acantilados que has dejado atrás y ves que está atardeciendo, el mar se traga al sol y el cielo se tiñe de rojo.
Paula Desiré, 4ºB